Alguna vez, a una amiga “Cándida” le ofrecieron incluirla en la lista del subsidio para la compra de un apartamento.
Le mostraron los apartamentos, la invitaron a escoger el que quería, y todo lo demás.
El apartamento valía el equivalente a 30.000 dólares por ser vivienda popular, pero con la ayuda de “Cesar”, personaje de “adentro” del fondo de subsidio, ella obtendría un beneficio para que solo tuviera que pagar 20.000 dólares por el inmueble.
Ella acepto, elaboro los documentos solicitados, y entrego los fondos pedidos a Cesar. Y el le indico que en algunos días estaría la documentación del traspaso de la vivienda. Pasaron los días y Cesar no apareció.
Ella fue a preguntar en el sitio de venta de los apartamentos y sorpresa, no lo conocían, no sabían que el hiciera ningún trámite.
Fue a averiguar en el fondo de subsidios y tampoco allí sabían de tal Cesar. Conclusión, esa plática se perdió.
En parte por el hecho de que Cándida esperaba cobrar un subsidio al cual no tenía derecho y sacar a precio de quema el apartamento, fue posible la estafa. En condiciones normales uno haría todo el trámite y no pagaría hasta no ver la documentación en orden y por lo tanto no perdería su plata.
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